sábado, 22 de febrero de 2014

LA CONDICIÓN MASCULINA: INTRODUCCIÓN A LOS ESTUDIOS SOBRE EL GÉNERO VARÓN por NORBERTO INDA

FUNDAMENTOS
La operación por la cual quedan asimilados hombre y ser humano deja a la mujer relegada a “lo otro”, al mundo de la naturaleza, al síntoma. Pero además, produce un grado de generalización tal que, tras la fachada de “El hombre ” – que queda en posición de ideal – resultan borradas, omitidas, invisibilizadas las particularidades subjetivas de “los varones”, en plural, en su inmanencia.

Junto a la verificación fueron, para la ciencia positiva, requisitos indispensables la objetividad y la generalización. Ambas abonaron la ilusión de un conocimiento neutral y universalizable, a costa de esquematizar las singularidades y de borrar al sujeto que hace ciencia – también varón –. La política sexista, en particular la prescriptiva genérica, opera como un organizador presubjetivo donde quedan diluidas la trama deseante y los trayectos identificatorios. También invisibiliza las variables contextuales, de etnia, religión, pertenencia a un determinado país y clase social. La adecuación al rol genérico, particularmente ejercida por los varones, hace que confundan “identidad personal con identidad de género”.

Desde hace décadas y desde diferentes ámbitos, los “Estudios de la mujer”, analizan el lugar asignado a las mujeres y cuestionan conceptual y políticamente las bases androcéntricas de los discursos científicos y sociales. Los silencios teóricos y la injusticia que han promovido. Con los varones no ha ocurrido lo mismo, ni en extensión ni en profundidad, a pesar de que cualquier modificación en uno de los ejes de una polaridad necesariamente debiera conmover el sistema intersubjetivo todo. Los varones, “supuestos sabidos” por
el conocimiento, quedan abroquelados en situaciones de falso privilegio, y los determinantes culturales de su condición no favorecen el cuestionamiento de los lugares asignados ni la autoindagación de sus mitologías personales.

Los desarrollos sobre el concepto “género”, orientados al estudio de la condición masculina tienen una continuidad epistémica y ética con los del feminismo teórico y político. El trazado de muchas autoras
en la recuperación de sus propias (y oscurecidas) trayectorias, nos ayudó a entrever la simplificación con que se describía al “sexo paradigmático”.  Algunos trabajos, sin embargo, recaen, en relación a los
varones, en el grado de generalización que dicen combatir. Es un apriori la asignación de poder al colectivo masculino, sin mencionar también la operación de inclusión (imaginaria) en esa categoría de los hombres menos favorecidos en el reparto, o apuntar a las categorías simbólicas que perpetúan un sistema de nominación y dominación en el que los varones son victimarios, y también víctimas.

M. Kaufman trabaja las contradictorias experiencias en relación al poder : en un mundo dominado por los hombres, se supone que los hombres detentan el poder. Solemos asociar masculinidad con actividad
y potencia, sin embargo, las experiencias subjetivas de poder nos delatan otra realidad. El que domina lo público, tiene poco dominio sobre sí. Construcción de la masculinidad y violencia no son relaciones contingentes. Este autor, describe su triple versión : “violencia contra las mujeres, contra los otros hombres y violencia contra sí mismo”. Aunque guardan una continuidad estratégica, las primeras tienen más visibilidad que la cotidiana y muchas veces naturalizada violencia contra sí mismo, amasada con ideales, condimentada
con exigencias y servida como logro viril.

Los estudios sobre desarrollo y promoción de la calidad de vida, nos están mostrando la urgente necesidad de estudiar las condiciones de la masculinidad, que el género no es, no debiera ser una categoría académica solamente, ni un sinónimo de “estudios de las mujeres”.  Es una categoría teórica y política, una herramienta útil para entender el atravesamiento de los géneros en toda acción humana y su carácter relacional. Mujeres, varones e instituciones están amasados dentro de categorías genéricas, es decir de relaciones de dominio.
Digo más, seguir suponiendo que género es promoción de la mujer, puede tener como consecuencia seguir considerándolas el objeto diferente, lo que debe ser estudiado y promovido sobre el telón de fondo de la normalidad masculina. ¿Qué significa por ejemplo, trabajos de mujeres o de varones? ¿Qué significa expectativas femeninas o masculinas ?

Esta es una época propicia o pulsante a la deconstrucción de la “masculinidad hegemónica”, vinculada a los valores de la modernidad, una de cuyas características fue/es el establecimiento de categorías generales y universalisantes. “Lo masculino” descontextualizado es un ejemplo. Si Dios ha muerto (o agoniza), si la Ley del Padre como equivalente secular es deconstruíble como una discursividad, producto de un entramado patriarcal, estamos frente a una ocasión privilegiada para la indagación y puesta en trabajo de los valores emblemáticos de la masculinidad. Que no concuerdan con los de los varones a la vista : des-tronados, des-ocupados no sólo de trabajo, sino de sus roles tradicionales.

El hombre ha sido narrado como estadista, guerrero, político, obrero o artista. Salvo en la literatura o en algunas historias clínicas, pocas veces en tanto hombre. Los estudios del género varón (Men’s Studies) pretenden estudiar al hombre como construcción socio-histórica ligada a un sexo determinado: ni esencia, ni causa prediscursiva.  En el desarrollo de estos temas y su inserción académica son pioneros EE.UU, Australia, Inglaterra y los países escandinavos.  Pero el interés por los mismos gana presencia creciente en muchos lugares del mundo. Como en Latinoamérica, lugar de donde vengo, en el que a pesar de la cultura machista están progresando – aunque con esfuerzo – los estudios y las investigaciones sobre los varones. La confrontación de distintas líneas de investigación abre el espectro sobre las múltiples modalidades de ser varón. Hoy hablamos de “masculinidades” como un campo de problemas sobredeterminado por la lengua, el parentesco, la cultura, los sistemas de dominio y del sexismo incluido en la bipartición planetaria de mujeres y varones. 

Además, como campo multiarticulado, el género es una categoría a cruzar con las de etnia, religión, clase, edad, orientación sexual, etc.  Necesariamente un campo de trabajo pluridisciplinario, alerta a advertir la tendencia a la presunción de la autonomía de los saberes, a creer que un relato único pueda dar cuenta de la complejidad, de la condición plural de la subjetividad.  Una pregunta necesaria sería ¿en qué sentido las teorías que tenemos pueden ser usadas como instrumentos válidos para el estudio de la masculinidad, o es que ellas mismas deben ser de-construídas y modificadas, dado que fueron ejes de la perpetuación de una perspectiva del hombre como ser humano ?

Como dice M. Godelier “El pensamiento no refleja, da sentido a situaciones que nacen de causas y fuerzas cuyo origen no es sólo la conciencia o el inconsciente. Este sentido lo inventa, lo produce, construyendo sistemas de interpretación que generan prácticas simbólicas, las que constituyen otro modo de legitimar la dominación de los hombres sobre las mujeres y se convierten en relaciones sociales”.  Ubicar a la masculinidad como campo temático no es sólo una propuesta teórica, también es un desafío ético porque las prescriptivas de género establecen relaciones de poder. Sobre las mujeres y entre los hombres. Estos hétero y autonominados como los que dominan lo público, suelen ejercer poco dominio sobre sí mismos. La cotidiana y naturalizada violencia contra sí mismo, mezcla de ideales y exigencias, se significa a menudo como virilidad, confundida con masculinidad.

Por eso junto con el síntoma, que siempre es un quiebre, una discontinuidad , es imprescindible el análisis de la vida cotidiana, y hacer sintomal los comentarios más naturalizados, de “sentido común”, que hacen hábito y perpetúan acríticamente disciplinamientos genéricos. Esto es lo que estudió Foucault , en términos de relaciones de “saber- poder ” . Los discursos de los medios, de los líderes de opinión, de los científicos, implicitan en el caso de los varones, cualidades como fuerza, racionalidad , asertividad , logros, etc. No se menciona, en cambio, lo que estas “descripciones-prescripciones ” tienen de obediencia debida a representaciones transubjetivas. Actuamos, nos posicionamos y narramos a través del prisma del género, pero lo hacemos como si no lo supiéramos. Ideales de género a los que los hombres son tan afectos, dado que la construcción de las masculinidades, al menos en Occidente, se gestó en la rivalidad y en la pelea.

En la competencia por ser siempre el mejor, en cualquier campo como lo que Connell llama la “masculinidad hegemónica ”.  Las determinaciones de género producen formas de vivir y formas de padecer específicas. Si bien “ser hombre” es un “a-priori” que puede explicar muchos comportamientos, esa misma condición tiene que reafirmarse constantemente. “Hacerse hombre” supone rituales de pasaje y una práctica militante para acercarse al ideal. Si el género fuera un exudado natural del sexo no habría que estar confirmándolo todo el tiempo.  El modelo de rol genérico, en su binarismo, no sólo está basado en relaciones de poder, también es un mecanismo de reproducirlas. El formato reactivo de muchos comportamientos masculinos se sostiene manteniendo negado lo desvalorizado de sí, proyectado privilegiadamente en la mujer y los homosexuales. La masculinidad hegemónica es una definición por la negativa, no ser niño, no ser mujer, no ser homosexual. Algunos de los binarismos que han poblado los recursos y las conclusiones teóricas de las ciencias sociales – en un sentido amplio – se vuelven situaciones paradojales en la cotidianeidad de las prácticas masculinas. A sabe r, las oposiciones sujeto-objeto; naturaleza - cultura; cuerpo - mente ; individuo - sociedad ; trascendencia - inmanencia ; activo - pasivo, etc. que hacen obstáculo a narrativas diferentes, también retrasan el “pensarse varón ” , por fuera de la masculinidad hegemónica . Poner en cuestión esa categoría , iluminar las consecuencias que acarrea y abrirse a la incertidumbre teórica y subjetiva se vuelven una tarea necesaria, por la homologación de las emblemáticas de “lo masculino” con los ordenamientos y racionalidades existentes.

Me parece que este coloquio es una buena oportunidad para profundizar las múltiples dimensiones de la masculinidad. “Quel Genre d ’ homme ”? es una pregunta que nos coloca justamente en el sistema de relación entre los géneros : ¿ guerra de los sexos ? ó conflicto cooperativo? Lo primero es el paradigma que tramita las diferencias como desigualdades, donde el “otro ” como diferente puede quedar englobado como proyección del uno, de uno mismo. El conflicto cooperativo demandará una negociación entre hombres y mujeres ya no defensores atrincherados tras un género, sino personas que intentan producir mejores condiciones de existencia . Es por esto, creo, que la variable “género ” es fundamental en todo trabajo de desarrollo.

El concepto de “Gender mainstreaming”, surgido en las tareas de cooperación y desarrollo, designa procesos de decisiones políticas imprescindibles para que la igualdad entre mujeres y hombres no sea solo teórica, o una expresión de deseo. La concreción de esa igualdad no debiera limitarse a programas a favor de las mujeres, sino una perspectiva global de los géneros integrada en todos los niveles de decisión y acción.  No se trata de disolver al sujeto, ni de trascendentalizarlo. Un pensamiento complejo (Morin, E.) será aquél alertado de las tendencias separatistas, reduccionistas, y ávido de nuevas formulaciones, nunca
definitivas. Como decía Joan Scott, necesitamos herramientas para pensar en términos de pluralidades y diversidades. Y en un concepto con el grado de relacionalidad que tiene el género, discutir la forma jerárquica en que se distribuyeron los “universales masculinos” versus las “especificidades femeninas”. Trabajar las cuestiones de la masculinidad, cualquiera fuera el dispositivo (psicoterapias unipersonales, vinculares, grupos de reflexión, encuestas, historias de vida, etc.) además de recuperar las “especificidades ” masculinas, también va a suponer otros desafíos necesarios: 

  • La reflexión sobre los propios trayectos de vida, la experiencia y obstáculos que tenemos en tanto varones, y no considerar nuestras afirmaciones como propias del género humano.
  • Sensibilizarse al enorme peso que el sexismo tiene en esas trayectorias propias y ajenas.
  • Aprender a escuchar las voces de los grupos habitualmente no contemplados en las afirmaciones generalizantes, a causa de su condición social, racial, orientación sexual, etc.
  • Advertir el enorme peso que la homofobia y la heterosexualidad como normatización tienen en el establecimiento del carácter opresivo del género. (Cuya elucidación proviene, paradójicamente,
  • de los “Gay’s Studies”).
  • Saber que el cuestionamiento de las modalidades habituales de definición genérica y sexual generan fuertes resistencias dado el grado de centralidad que ocupan en la configuración subjetiva.
  • Identificar como las concepciones (sociales y teóricas) que destacan el privilegio de la condición masculina, además de invisibilizar los obstáculos, dificultan los cambios.


Como dice Castoriadis, “las significaciones imaginarias instituidas tienen más perdurabilidad que las transformaciones que se operan en el período histórico que legitiman”. De esto se trata en el trabajo con masculinidades, en la operativización del concepto género, de cómo, cuánto y con qué herramientas podemos movilizar lo instruido, para dar lugar a lo instituyente.

El genero: Una cuestión solo de mujeres?

No se si ustedes lo han notado, al menos yo si, que cada vez que alguien menciona la palabra o el tema "genero" automáticamente se piensa en luchas de mujeres por su libertad, en violencia contra la mujer, abuso sexual, no se, todos esos temas inherentes a la mujer.  Pero ante todo esto, el hombre donde queda?  Solamente como el verdugo, como el malo, como el violento. Pareciera que la vida de un hombre, gira solamente en pro de su fuerza física o de su tan famosa perdida de su emocionalidad.


Y viéndolo bien, hay muy pocas investigaciones y publicaciones científicas y periodísticas que hablen solamente del hombre a partir de su masculinidad.  En este ámbito, hay que comprender que ser hombre no es solamente nacer con ese sexo.  No es en si lo físico lo que a un hombre lo hace ser lo que es.  Para ser hombre se necesitan de una serie de factores tanto externos como internos que vienen a unirse y a crear su masculinidad latente, esa forma de tratar a los demás de acuerdo a lo que son, hombres y mujeres.



Nada hay mas dañino que una familia estereotipica y desinteresada.  Por experiencia personal, puedo decir que muchos de los hombres que he conocido consideran que su masculinidad va íntimamente ligada a su sexo.  Es decir, que para ellos ser masculinos es cumplir con todos esos requisitos sociales que son impuestos, de lo contrario no entran en el grupo. Al hombre se le dice que debe ser dual, pero no es una dualidad saludable.  Debe ser dual porque debe hacerlo todo sin dolor.  Debe ser el que da la fuerza, el que es racional ante cualquier situación, no debe sentirse débil, no debe demostrar su afectividad fuera de los cánones sexuales.  Es solo sentir, comer y luchar.  Básicamente les negamos a nuestros hombres la oportunidad de vivir su masculinidad con todo lo que ella representa, solamente porque queremos que ellos saquen la cara por su grupo.  Y para que? Considero que el hombre "normal" lucha por tres cosas: el estatus por dinero, el estatus por su sexualidad misógina y promiscua y el estatus por control ya sea por fuerza o por inteligencia.  Notándolo así, son tres ámbitos que separan mucho los sentimientos y dejan solo el placer o al menos la búsqueda del placer a flor de piel.



Las quejas normales de las mujeres son que "sus" hombres no son afectivos, que se olvidan de los detalles, que solo piensan en "sexo", e incluso los estereotipos mas peligrosos, que un hombre solo piensa en fútbol, comida, cerveza y sexo, que no pueden hacer nada en el hogar y que son pésimos cuidando niños y mascotas.  Quien dice que eso es cierto? No es que el cerebro masculino este configurado para carecer de la empatía, la ternura y la atención que estas situaciones necesitan para realizarse, es solamente que desde niños los convertimos en maquinas trabajadoras, responsables y conscientes solo de su fuerza física y su papel en la reproducción.  Si pasáramos mas tiempo enseñándole a nuestros niños varones que no son solamente eso, que pueden hacer lo mismo que nosotras hacemos sin miedo a parecer débiles, homosexuales o poco hombres, creo que esta sociedad no estaría así.  Todos esos hombres encolerizados y faltos de contacto físico y expresión de sus emociones, no matarían a tanta gente, no sentirían placer por la guerra e incluso no maltratarían niños y animales.  Sería el final de esta mal llamada "civilización" violenta.



A partir de ciertos diplomados que he recibido, he pensado en una pregunta que da vueltas en mi cabeza.  Si nosotras no sentimos duda de nuestra condición de mujeres, porque ellos si? Porque en un momento dado de sus vidas los hombres tienen que enfrentarse a la evaluación constante de su hombría y nosotras no?  Lo menciono solamente porque lo veo.  Nosotras no dudamos nunca que somos mujeres, por muy faltas de femineidad que seamos.  Nos sabemos mujeres porque nos sentimos cómodas con nuestros roles, los que sean, y no  necesitamos la constante aprobación de nuestro contexto para sabernos mujeres.  Por el contrario, el hombre desde que toma conciencia de que es un ente social, inicia esa larga lucha para demostrar en sus esferas que es un hombre.  Porque? Considerándolo bien, es una ardua e infructuosa tarea. Sinceramente, nadie puede llegar a ser tan perfecto como para mantener para siempre una imagen de entera masculinidad.



Ahora bien, que es lo que hace a un hombre ser hombre? Podríamos pensar en los factores físicos, la fuerza, la rapidez, la capacidad de realizar ciertos trabajos y actividades de forma mas eficiente que nosotras, por supuesto su aparato reproductor y su anatomía.  Podríamos pensar en los roles sociales, padre, protector, proveedor, cabeza de familia, individuo que no llora y que todo lo aguanta, ese ser que nos arregla cada desperfecto en el hogar sin chistar.



Pero no es solamente eso lo que los determina.  Esa es solo la décima parte de una larga lista de atributos y características que se pueden mencionar de un hombre.  Su capacidad de imparcialidad, su control sobre lo que le parece invasivo o molesto, su habilidad de sorprender, su paciencia y tolerancia, la demostración de sus sentimientos, su sinceridad, en fin son tantas cosas que pueden enlistarse con respecto a ese fuero interno masculino del que, muy pocas veces las mujeres podemos ser testigos.  Preferimos verlos como la imagen que de ellos nos han dado, que realmente analizar y preguntarnos objetivamente si se acerca a su propia realidad.  El mejor momento para, al menos tratar de entender a un hombre, es la etapa del noviazgo.  Si te topas con un hombre estereotipico, o si tienes mi suerte y te encuentras a un novio real en toda su magnitud, tienes buen material de análisis.  Observar al hombre desde su esencia, desde esa parte de el que te hizo escogerlo frente a un grupo mayor, eso que lo hace único.  A partir de allí, es que salen todas esas características que están enterradas bajo una grande y pesada capa de reglas, valores y actitudes sociales mas que todo impuestas, o bien autoimpuestas, en un afán por ser parte importante y dignificar a su genero. Es algo peligroso, dicen que mientras mas alto subes mas dura es la caída, y eso se nota en ellos, mientras mas "macho" es un hombre, en el momento en que ya no puede continuar llenando esas expectativas su caída es mas dura, ya que ademas de haberse defraudado a si mismo y a su grupo, ha defraudado a cientos de años de historia que lo marca como invencible, deja de ser el superheroe para convertirse en eunuco.



Cuando puedas, observa a un hombre que tengas cerca.  Mira como funciona en su sociedad, como actúa, observa como trata a los demás, como soluciona los problemas o como al menos lo intenta.  Se encuentra uno con que muchas veces suelen ser mas complejos de lo que parecen.  Su pensamiento es mas practico, mas dirigido a resultados.  No tan fácilmente veras a un hombre detenerse a pensar por mucho tiempo en lo que hay que hacer, si mira que hay una fuga, la tapa.  La condición masculina, es amplia y profunda, pero yo aun estoy en la base del iceberg.  Comprendo que para llegar a la cima debo leer, investigar y recurrir a todos los recursos que conozco para poder sentirme versada en el asunto.  Debo preguntarle a mis amigos, observar a mis familiares varones y sacar  mis propias conclusiones sobre ellos.



No aspiro a descubrir el agua azucarada ni a que mis palabras se conviertan en razón universal.  Solo comparto los vaivenes de mi pensamiento que al igual que ciertas infecciones, no pueden quedarse dentro de mi.

viernes, 21 de febrero de 2014

Un vacío confuso

Normalmente, cuando vamos a una librería esperando encontrar algo en que entretenernos, llevamos un tema en especifico.  Ese libro que mencionaron en aquella película, ese libro que tanto mencionan en tus redes sociales y que te da curiosidad, aquel libro del cual sacaron una serie que no te gusto.  En fin, las motivaciones personales de cualquiera para buscar y leer un libro son infinitas.  En lo personal, voy buscando que un libro me hable.  Si me hable, como lo lees.  Y como me habla? Pues con todo, con sus paginas, con su titulo, incluso la pequeña fotografía al dorso o en el interior del autor y su sonrisa o seriedad aparente.

Últimamente eso ha cambiado, mis gustos se han vuelto mas maduros, mas selectivos.  Se que se pensará que desde que descubrí el tema "genero" se me ha vuelto una necedad casi llegando a la obsesión encontrar literatura referente al hombre, si, a esos compañeros velludos y toscos que tenemos en nuestras casas, trabajos y lugares de estudio.  Talvez a nadie se le ha ocurrido, pero ellos tienen una gran y larga historia que contar, con todo y sus escenas de amor y guerra, como cualquier otra historia ya contada.  Pero a diferencia de muchas, esa historia ha quedado corta e incluso que siento que hace falta la parte importante de la misma, la que le da sentido a todo.

Siempre me sentí intrigada, no hasta el punto de investigar, pero siempre mantuve la curiosidad.  De verlos día a día, levantarse, vestirse, trabajar, funcionar en un mundo donde hay poco espacio y opciones para ellos.  Si nos detenemos en este momento, talvez me podrán decir que ellos son dueños del mundo, que todo da vueltas alrededor de sus funciones en la sociedad y que la mayoría de roles y carreras aun están "masculinizados", por no decir invadidos por ellos.  Y antes, yo también lo creía así.

Pero me he dado cuenta, en mis últimos tiempos, que ellos solamente poseen esa parte del mundo que nosotras les dejamos.  Y créanme, es una parte bastante pequeña.  Si notamos bien, de forma objetiva el mundo en el que vivimos, casi todo tiene nuestra esencia.  La moda, la tecnología, la industria alimenticia, la educación, todo esta dirigido a llenar las expectativas de ese cambiante mundo femenino en el cual el grito es queremos igualdad y mas derechos, queremos mas espacios.

Realmente necesitamos esos espacios? De veras son necesarias tantas peroratas sobre derechos, igualdad y reinserción de la mujer en la sociedad?  Talvez desde el punto de vista de justicia si, porque no puedo negar, muchas mujeres, no todas, han estado siempre reprimidas y han visto sus opciones mermadas a dos, vivir en su hogar de nacimiento o vivir en su hogar de  matrimonio.  Pero que pasa con todas las demás? Con aquellas que trabajan, que estudian, que se educan y que viajan.  Aquellas que deciden quedarse solteras, tener hijos sin casarse o casarse sin tener hijos.  Ellas también quieren lo mismo que el grupo anterior? O sera que solamente quieren convivir con su genero y el genero contrario en paz sin estar luchando todo el tiempo por ver quien tiene el control?

Considero que hay que ampliar la mente y la visión.  Hay que aumentar el foco, como esas cámaras con zoom.  La respuesta no esta en quien controla o quien domina mas, la respuesta esta en quien logra encontrar el equilibrio.  Ese equilibrio que se logra a partir de que ambas partas funcionan como un todo, con sus virtudes y defectos.  Pero ese esfuerzo es de dos, de hombres y de mujeres.  Y según mi experiencia y mi observación, sorpresa! La mujer es la que casi siempre, no esta dispuesta a llegar a ese equilibrio.  No es su culpa, son solo montones de años de educación machista y escasa oportunidad de mejorar.  No vuelvo con la culpa al hombre, lean bien, dije educación machista, no educación masculina.

El hombre es al machismo lo que nosotras somos a los zapatos.  Es decir, es solo un estereotipo que continua para querer explicar algo que no siempre entendemos.  Mi objetivo con este blog? Es solamente reflexionar sobre este tema tan olvidado (el hombre en toda su magnitud) y dar mi punto de vista, recopilar cierta información que pueda encontrar sobre ellos y publicar pensamientos no solamente míos sino de otras personas que han estudiado e investigado sobre el tema, se que los hay.

Al final, cada quien es dueño de su educación y se forja sus propios pasos.  Espero que los míos me lleven a buen recaudo, como dirían los marineros.