Es imposible que alguien en este país no padezca de estrés. Todos los días tienen que enfrentarse, el individuo y su salud mental, a un lluvia constante de "noticias" que lo único que hacen es, lograr que el guatemalteco común se sienta mas hundido aún, en la pobreza y la ignorancia. Porque yo sinceramente no siento que estas "noticias" realmente existan para mantener al público informado. Eso ya hace mucho tiempo que no se hace, en un país en el que el morbo y el amarillismo generan mas dinero que el bien común.
Yo no tengo una opinión política definida. Y sinceramente eso no me quita el sueño en lo mas mínimo. El hecho de que yo no me identifique con ninguna corriente política ni religiosa no me impide ser una libre pensadora, que es realmente lo que yo considero que soy. Porque al igual que todas las personas que viven y trabajan en mi hermoso país, tengo una opinión y la comparto. Eso es todo lo que hago.
Al final de cuentas todos piensan y creen lo que quieren y se acomoda mas a su estilo de vida. En muchas ocasiones he mencionado que las ideologías existentes solamente son manuales que han dejado otras personas en otras épocas, y que por lo consiguiente, ya no se acomodan a nuestro vivir actual, en el que, los problemas, aunque los mismos que en años anteriores, ya no se sobrellevan de la misma forma. Cada quien debería sentirse libre de hacer sus propias reglas, de pensar en lo que quiera y como lo quiera, y ante todo, en poder expresarlo libremente sin ser victima de personas a las cuales, sinceramente, ni siquiera les han pedido su opinión.
Porqué escribo esto?? Porque veo los ataques a los que los libre pensadores, como yo, se han enfrentado últimamente. A quien realmente le importa que a un estudiante de primer ingreso de X facultad en la universidad lo paseen por todo el campus vestido de mujer y bañado en quien sabe que sustancias?? Es eso realmente lo que a las personas les preocupa?? Y si es así, no creen que hay mas cosas por las que deberíamos estarnos preocupando, que no sean exactamente en que los bañaron o que les dieron de tomar??
Siento que la hipocresía y el cinismo de la sociedad latinoamericana lo abarca todo, ya que aunque hay personas que se mueren de hambre, por hechos de violencia, por extorsiones e incluso porque no hay insumos en los hospitales nacionales, los medios de comunicación se dan un festín averiguando todos y cada uno de los pasos en los que incurren los bautizos en una universidad, que sinceramente hace muchas mas cosas que todas las demás universidades juntas. Es increíble la cantidad de tiempo, esfuerzo, dinero y recursos que los medios sociales y que incluso las mismas personas civiles se gastan en saber cual es el siguiente paso, cuantos ingresan, cuantos pierden y a cuantos les cortan el pelo, que si nos pusiéramos a reunirlo para los que mas lo necesitan, creo que llenaríamos bien muchas escuelas y hospitales por bastante tiempo.
Soy una persona civil, que día a día trata de sobrevivir en un mundo en que el silencio y la indiferencia son el pan de cada servido en bandeja. Solamente expreso lo que veo y lo que pienso, aunque eso me haga mas peligrosa que un asesino. Porque en Guatemala a cualquier persona que se le ocurra pensar fuera de los cánones ya establecidos se le tacha de insurgente, de "revolucionario", de embelequero y lo que es peor aun de vago. Y yo no me considero una persona vaga. Por el contrario, a diario me encargo de aprender algo nuevo, de que mis neuronas no se mueran viendo programas insulsos de televisión o noticias que solo se encargan de poner a la población paranoica y de centrarme en un sistema social que solo quiere mantenerme "dormida" para que no "me levante en armas". No sabía que las palabras y las opiniones fueran tan peligrosas.
Veo también que muchas personas piensan que con hacer un bautizo, que con "denigrar" al estudiante nuevo y que con caer en la sátira y el ridículo, estamos atrasando al país. No se entonces porque se ríen de los chistes de los comediantes nacionales, ven vídeos en Youtube en los que el morbo se apropia del entretenimiento a costa de cualquier persona, ven películas gringas que no les enseñan nada, y aun así siguen pensando que somos nosotros, los sancarlistas de corazón, los que atrasamos al país. Ven nuestra vida como una eterna primavera en la que la vaguedad y la ignorancia reinan, sin saber que realmente los que más pensamos somos nosotros, los que más nos preocupamos y más hacemos por el futuro de Guatemala, somos esos que desfilamos pintados, apestosos y vestidos ridículamente en los bautizos. Es ridículo pensar que nuestras actividades extracurriculares nos deformen de tal manera que después no seamos profesionales capaces. Que por el hecho de participar en una actividad que se da una vez cada año y con diferentes personas en cada oportunidad, eso nos haga malos trabajadores, amigos, padres y no se que mas cosas que la población en general se imagina de nosotros. Todo eso, no nos incapacita para fungir nuestro papel obligatorio con la sociedad y el hecho de que una vez egresados, le regresemos con creces al pueblo lo que ellos nos dieron al pagar con sus impuestos nuestras carreras.
No se sinceramente si los que hablan en contra de la universidad, son personas frustradas porque no pudieron ingresar, si son personas ofendidas porque a ellos no se les presta atención, o si sus acciones son tan fútiles y rutinarias que cualquier cosa que los haga salir de su zona de comfort es pecado mortal. Como ya lo dije, no lo se. Lo único que quisiera, si es que podría solicitarle a uno por uno, es que antes de emitir una opinión a favor o en contra de un movimiento, vean bien las dos caras de la moneda. Una cara que es la que dan los medios que en su afán de ganar público lector tergiversan hasta el mas mínimo detalle, y otra que es la opinión real, la que no va determinada por los decires de los que se supone están encargados de informar y lo único que hacen, al final, es deformar.
Veo, con preocupación y tristeza que cada día mis queridos paisanos se ven enredados en una lucha de poderes que, lastimosamente, no viene a hacer ganar nada a nadie. Solamente venden mas periódicos, logran mas vistas en sus artículos online, y se ganan personas que están a favor o en contra. Pareciera ser que el fin del comunicador actualmente, es solamente generar polémica, como quien dice meter un fósforo encendido en el hormiguero y ver como las hormigas se matan y se atacan entre si. Y tristemente, a pesar de los esfuerzos, lo están logrando.
Los exhorto a que antes de hablar, piensen, a que antes de pensar analicen, y de ser posible, si hay mas contras que a favor en su opinión, vuelvan al paso numero uno. Seamos de universidad pública o privada, el sentido común no lo forman las academias, lo forma la cotidianidad y la visión de cada quien. De ustedes depende que esa visión sea de 180 o de 360 grados.
El rincón de la andróloga
viernes, 13 de febrero de 2015
domingo, 6 de abril de 2014
El corredor de mis recuerdos...
Sábado, 6:30 de la
mañana. Si, ahí estabas de nuevo. Corriendo sudoroso con la ropa empapada
frente a mi ventana. Como todos los días
desde que me había mudado a ese edificio, salía de nuevo a verte correr, tan
ajeno a mi observación como si no existiera.
Te veías tan bien. Tu rostro
sonrosado por el ejercicio, tu piel tan brillante por el sudor. Y ese bulto en tus pantalones, aaa cómo
reacciona mi cuerpo sólo de imaginarlo.
No sabía de donde venías, cual era tu nombre ni a que te dedicabas. Solo sabía que todas las madrugadas, cual
oración enviada al Creador, tenías el poder de tenerme parada frente a mi
ventana, no importando el frio y el calor, viéndote correr con el alba. Siempre con el mismo sudadero color gris, con
los mismos tenis y esos shorts que no dejaban nada a la imaginación. En mi mente, suponía que eras un gran atleta,
de esos que salen en la televisión. Pero
yo no tenía televisión, así que no podía saberlo con certeza. Después te imaginaba como un gran magnate
petrolero, como un corredor de bolsa o un banquero importante. Algo en tu porte me decía que eras alguien,
no sé qué.
Y por qué no me animaba a
hablarte? No lo sé. Tantos años de
encierro, tanta vida desperdiciada en anhelos incumplidos no me dejaba salir más
allá de los confines de mi pequeño jardín.
Todo el dolor y la desdicha cubrían mis ojos de sombras y mi cara de
recuerdos. Me conformaba con verte, con
abrazarte a lo lejos o imaginarme esas largas noches de pasión que, en mi
pensamiento, podrías regalarme si quisieras.
Muchas veces me enojaba contigo, porque no me veías, porque no reparabas
en que ahí, incondicionalmente, me tendrías parada observándote,
admirándote. Te odiaba tanto por
momentos por no notarme, y por otros comprendía que las largas y gruesas
cortinas de mis ventanales, jamás le permitirían a nadie verme siquiera.
En dos ocasiones te encontré
en la calle, esas cortas veces en que me anime a caminar a la esquina para
comprar el periódico. Y ahí estabas,
leyendo la sección de economía, tan absorto y perfecto en ese traje sastre
negro y camisa gris. Tus eternas gafas
graduadas, que hacían juego tan bien con tu pequeño rostro, parecían querer
comerse las hojas de ese periódico. Lo envidiaba
tanto, sentía odio y celos por esas hojas inertes que captaban tu atención más
que mi sencillo vestido de flores.
En este momento me doy
cuenta de que hace ya más de diez minutos que pasaste. Ya ni siquiera te perfilas en el
horizonte. No sé porque, pero nunca he
esperado que pases de regreso. Talvez
porque pienso que serás alguien distinto, talvez porque siento que esas largas
carreras matutinas no son más que excusas para ver, también de lejos, a la
persona que tu amas. Ese pensamiento es
suficiente para hacerme llorar. Llorar
de impotencia por no poder salir a buscarte, por haber desperdiciado dos
preciosas ocasiones en las cuales podría haber hablado contigo, al menos para
preguntar cualquier tontería.
Y en una ocasión, estuve a
punto de hacerlo. Te vi, rodeado de
revistas y personas, me acerqué pero no pude hablarte. En el momento en que tu vista miro hacia mí,
yo divague preguntando sobre cierta revista que no había visto en el
anaquel. Tú me viste, sonreíste y me
indicaste, amablemente que esa revista tenía más de diez años sin
publicarse. Que tonta me sentí. Yo lo sabía bien, pero en mi nerviosismo
pregunté lo primero que se me vino a la mente.
Mi cuerpo reaccionó ante tu voz acaramelada. Eternas sensaciones convertidas en
escalofríos recorrieron mi espalda e incluso ciertos fluidos comenzaron a
inundar mi ropa interior. Vaya, que
efecto tienes sobre los demás.
Como pude, asentí con la
cabeza, sonreí cual adolescente y eché a correr. Creí ver en tu rostro un dejo de perplejidad
y hasta cierto tinte de gracia al verme, incluso pude leer en tu pensamiento el
“vaya que chica más extraña” que todos parecían pensar cuando me veían. Que podría haber hecho? Una treintañera
solitaria, viviendo en una casa más grande de lo normal acompañada de un gato
que a veces llegaba a cenar. Qué vida más
patética la mía, pensándolo así.
Después de eso, ya no pude
ir por el periódico. Incluso salir a mi
jardín, ya descuidado ahora viéndolo bien, se me hacía un trabajo de fuerza
mayor. Aún recordaba ese momento, en que
alguien como tú, bien parecido y vestido con elegancia, arruinó mis sueños de
amor y mi esperanza de compartir la cama con alguien otra vez. Las lágrimas que salen ahora no son de
vergüenza ni de impotencia, son de frustración.
Frustración por todos esos años perdidos, por las oportunidades y por
los sueños.
Y el solo verte, de vez en
cuando, se había convertido en mi razón de vivir. Hasta el momento no había notado que la calle
se había quedado silencia, lo cual me hizo despertar de mi ensoñación. Al volver a ver a la ventana, note que todo
parecía más quieto de lo normal, los autos tan habituales a esa hora del día
brillaban por su ausencia. Solo había
alguien, parado a media calle mirando con expectación hacia mi ventana.
En ese instante caí en la
cuenta de que no habías seguido corriendo.
Que esa mañana te habías quedado parado frente a mi casa viendo
fijamente hacia mi ventana. Y me mirabas
a mí. Aunque parecería raro, sentía tus
ojos posados fijamente en los míos, después los vi bajar hacia mi escote y casi
desabotonar mi blusa. Solo de pensar en
eso, mis pezones se erectan sin mi permiso.
Todo mi cuerpo se estremece y quiero huir, pero no puedo moverme
siquiera. Parece que ante tus ojos, mi
cuerpo no reacciona, no obedece. Hubiera
querido correr a mi habitación, encerrarme en el baño y seguir mi día como si
nada hubiera pasado, pero no pude. Sólo
fui capaz de quedarme viendo, un tanto aterrada y más excitada que de costumbre,
hacia afuera. Tú seguías parado en la
calle, secándote el sudor con la manga del sudadero, limpiando tus gafas y
viéndome fijamente.
Lo próximo que noté, después
de ese barullo emocional, fue el sonido insistente del timbre de mi casa. No quería moverme de ahí, sentía que si lo hacía
nunca más volvería a ser capaz de sentir esa emoción que me recorría las
piernas hasta llegar a la mitad exacta de mi ser. Pero la insistencia, me sacó de mis ensueños
y me moví. Cuando llegue a la puerta, había
una sola persona, un niño para decirlo con exactitud. Un pequeño niño que yo no había visto antes
que sostenía una pequeña nota escrita talvez en la hoja arrancada de una agenda
de trabajo.
Con una letra clara y
masculina pude leer “hoy en la noche, espérame” y supe en ese preciso instante
que era escrita por ti. Me asuste por un
segundo, por todas esas palabrerías que se escuchan de pared a pared en un
edificio tan grande como ese, pero no me importó. No me importó haber escuchado que había
alguien que mataba jóvenes solitarias en sus departamentos, no me importó
pensar que talvez, en la noche, yo sería una de ellas. El solo hecho de imaginarte entre mis
piernas, desarreglando mi cama en esa noche de pasión que estaba segura ibas a
darme, valía la pena cualquier muerte por dolorosa que fuera.
Deseche mis pensamientos y
me dije “que tonta”, podría también ser una broma. Como podría estar segura de que la nota la habías
escrito tú, si ni siquiera sabía tu nombre? Me reí ante la ironía, tiré la nota
a la basura y me dispuse a seguir mi día.
Ese día, en particular paso más rápido de lo acostumbrado, talvez la
expectación o incluso el leve tinte de miedo que me invadía, había hecho que
las horas pasaran más pronto que de costumbre.
Cuando cayó el sol, y las sombras invadieron mi noche, mi cuerpo bullía
de expectación. Una parte de mí, esa
parte instintiva y bestial que anhelaba hincar mis dientes en tu piel y enredar
mis piernas en tu cintura, esperaba impaciente tu llegada. Y por momentos, parecía llevarle la delantera
a esa parte, aunque pequeña, que me decía que no debería ni siquiera abrir la
puerta. No sé si el pensar en ese
profundo placer que sentiría tan pronto, hizo que me durmiera, pero así
fue.
En alguna hora de la noche,
cuando el viento se siente más helado y todo está más silencioso, escuche un
ruido lejano y quedo, que incluso me pareció que lo había imaginado. Después de ello, pasos que se dirigían
directo a mi habitación, seguidos del característico sonido de un zipper que
baja y ropa que va cayendo en un piso de madera. Me incorporé en mi cama y esperé, esperé
mucho. El miedo y la prevención me
habían abandonado, solo pensaba en como tu cuerpo iba poco a poco desnudándose
hasta llegar a mi puerta. Mientras
cerraba mis ojos imaginando eso, escuche el sonido de la cerradura abriéndose y
dejando pasar un poco de viento frío que provenía del salón.
Con la respiración aun
expectante y con un leve tinte de temor, vi hacia arriba. Ahí estabas, parado frente a mí cama,
completamente desnudo, con esa piel brillante a la que había yo durante tanto
tiempo anhelado besar y acariciar. Ese
pequeño tatuaje de un símbolo desconocido a la altura de tu brazo me parecía
algo nuevo. Había algo en ti, que sentía
yo, ya había visto antes. Te acercaste y
antes de meterte en mi cama, susurraste en mi oído un leve “te encontré” que sonó
mas a súplica que a afirmación.
Mientras me hacías el amor, más
salvaje que me han hecho en mi vida, algo en mi mente se quebró y poco a poco empecé
a recordar. Recordé esos veranos en el
campo, en los que mis padres me enviaban lejos para pasar sus vacaciones
solos. Recordé a ese joven, alto, fuerte
y de ojos hermosos al que le entregue mi cuerpo por primera vez. Recordé esas tardes de pasión, en ese granero
olvidado en medio de un campo de labranza.
Recordé las veces que me escapé por la ventana de mi habitación, con la
sola idea de verte.
Recordé tus sueños de
triunfo, tus deseos de superación.
Incluso recordé la última vez que nos vimos y la promesa de buscarnos
cuando ya fuéramos adultos. Todo eso que
estaba guardado en lo más profundo de mi mente, parecía que con cada embestida
que tu cuerpo daba dentro del mío se resquebrajaba más. En ese momento olvidé a esa persona que me
hirió, olvidé los años de encierro, lo olvidé todo. Nada fuera de tu cuerpo y de esos gemidos que
salían de mi boca sin siquiera controlarlos yo, estaba presente en esa
habitación.
Desperté con una leve
sensación de dolor entre mis piernas, con el cuerpo entumecido por tanto
placer. No sé exactamente qué horas
serían, solo sé que el sol entraba a raudales por mi ventana abierta. En la cómoda a la par de mi cama, había una
nota pequeña. La desdoble y sonreí. Supe entonces que nuestra historia de amor
acababa de empezar de nuevo, y que en ahora sería para siempre.
Y así, me quedé de nuevo
esperando por ti hasta bien entrada la noche. Y lo que empezó hace años en un
granero lleno de polvo y telarañas, terminará aquí, en esta vieja y enorme
casa, en donde sólo las estrellas serán testigos del placer bestial que ambos
nos haremos sentir en nuestra entrega.
Ese día, las ventanas de mi habitación se quedaron abiertas, no sé, en
prevención de que talvez pudieras perder las llaves…
viernes, 14 de marzo de 2014
Diario del final de los días parte 2/final
Por un
momento no le creí, pero al ver su presencia tan imponente y su voz suave que
se parecía al sonido del río, pensé que talvez tenía razón. Me observó durante un rato, y sin decirme
nada se levantó de la roca y me dijo que regresara al día siguiente a la misma
hora. Cuando le dije que no sabía como
había llegado hasta ahí, solo volteo a verme en la distancia y me dijo: ya lo sabrás. Cuando quise levantarme y caminar tras ella,
súbitamente sentí que mi cabeza golpeó con algo duro y frio, y cuando abrí los
ojos vi que estaba en mi cuarto y me había caído de la cama, todo había sido un
sueño. Me senté en la cama y automáticamente mi mirada viajó hasta la ventana,
en el viejo árbol que había enfrente de la misma, estaba parada una enorme
lechuza blanca que me observaba con solemnidad.
Durante un
tiempo, no volví a pensar en esa situación.
Seguía creciendo y el tiempo seguía pasando, cuando vine a darme cuenta
tenía 16 años. Tenía algunos amigos y un
novio, parecía que mi vida, aunque difícilmente, estaba tomando el rumbo
correcto. Hasta que de pronto, mis pasos
me llevaron nuevamente al bosque. Quise buscar ese lugar que había visto hacía
tantos años en mi sueño y de forma inconsciente hasta ahí me encaminé. Cuando llegué al lugar recuerdo que me sentí
tranquila y pensé que no había imaginado todo, que talvez había escuchado hablar de ese lugar y que por eso había
soñado con el, ahí estaba la misma roca, como esperándome. Llegué, me senté, y esperé. Que esperaba que sucediera, no lo se
realmente, solo se que esperaba que pasara algo. Cuando comenzó a oscurecerse y los sonidos
habituales de los bosques comenzaron a hacerse aterradores, inicié mi marcha de
regreso, un poco decepcionada porque no había pasado nada. Espere años de nuevo para regresar y no se
porque decidí hacerlo el día que cumplí 19 años. Llegué al mismo lugar, me senté en la misma piedra
y cuando vi hacía atrás, vi que en la roca había algo que a simple vista no
distinguía que era, pero pensé que yo lo había olvidado ahí. Cuando regresé por eso, me di cuenta de que
no era cualquier cosa. Era un pequeño
quetzal tallado en un trozo de madera sin pintar que parecía hecho por un niño
en alguna clase de industriales de esas del pasado. Dudé por un momento en tomarlo, pero por
inercia, lo metí en mi mochila y dije un gracias apagado hacia el bosque. Nadie nunca me contestó.
Cuando
cumplí 20 años, mi tía falleció.
Habíamos vivido solas hasta el momento, y cuando ella falleció no fue
para mí una gran noticia. A pesar de que
tenía 12 años viviendo ahí desde que llegué, nunca había logrado encariñarme
con ella, era demasiado distante y fría para tomarle cariño alguno. La adolescencia como ya escribí mas arriba,
no fue de mis mejores épocas, creo que ahora que lo pienso no puedo decir que
ninguna de mis épocas haya sido especialmente buena, y ella nunca se esforzó
por hacerla mejor. Seguía sin mis cenas
de navidad, sin mis pasteles de cumpleaños y sin todas esas cosas que yo tanto
anhelaba tener. En la víspera de mi
cumpleaños, recuerdo que mis pasos de nuevo me llevaron a ese claro en el
bosque. Había ido ya varias veces antes
y sabía como llegar, pero nunca mas había vuelto a ver a la anciana del vestido
verde, y después de esa pequeña estatua de madera, no había encontrado nada
más.
Pregunté a
todas las personas en el lugar si sabían algo de esa roca, pero todos me veían
como si estuviera loca y además fuera estúpida por ir a ese lugar yo sola. Lo único que me decían era que ese lugar era
peligroso, que había personas que iban ahí y jamás volvían a aparecer,
espantos, aparecidos, desaparecidos, ruidos extraños y todas esas cosas a las
que les temen algunas personas. Ese día específico, ese día en el que mi
destino se escribió de una vez y para siempre, sigue estando tan presente en mi
memoria como si hubiera sido ayer. Muy
temprano en la mañana, apagué mi teléfono y camine hacia ahí, como movida por
un motor extraño que me llevaba hacia allá.
Cuando me
iba acercando al lugar, pude ver a lo lejos a la misma anciana
esperándome. No se porque la emoción me
llenó y corrí hacia ella, habían pasado 6 años desde la única y última vez que
la había visto. Sentí que todo tenía
sentido, que la vida que yo quería por fin iba a ocurrir. Ella sólo me vio llegar, me sonrió y me dio
un extraño pergamino doblado, el cual sin que ella me lo dijera supe que tenía
que leerlo cuando estuviera sola de regreso a casa. Cuando volví la vista ella ya no estaba, de
pronto todo se nubló y di un salto en mi cama.
Pensé que había soñado todo de nuevo, cuando me di cuenta que sostenía
algo, abrí difícilmente los dedos de mi mano y vi el pergamino doblado. Me asusté por un segundo, pero después lo
abrí y decía 19 de enero, dentro de 10 años.
Para ese
momento estudiaba en la universidad. Los
catedráticos luchaban contra mi silencio, y visité muchas veces la oficina de
los psicólogos que todos me recomendaban. Mis compañeras batallaban largamente
contra mi misma, deseaban sinceramente ayudarme pero yo estaba totalmente
cerrada a dejar que alguien entrara a mi pequeño espacio. Tuve parejas en ese tiempo, pero vivía en mí
esa sensación de que en 10 años todo acabaría así que nunca me permití ver
hacia el futuro, pensar realmente que iba a estar ahí cuando eso
ocurriera. No me atrevía a contarle nada
a nadie, no confiaba en que me creyeran.
Había en la plaza, una mujer bastante vieja, que cuando me vio, me hizo
una seña para que me acercara. Cuando
llegue donde estaba ella, me dijo que tenía dos opciones, que la “vieja madre”
me había escogido para tomar su lugar, pero que tenía dos opciones, que debía
elegir bien.
De nuevo
me sentía estancada, de nuevo sentía que no encajaba, cuando por fin pensé que
todo eso había quedado atrás, aparecía de nuevo mostrándome que solo se había
dormido por un rato. No entendía
nada. Nada tenía sentido para mí, qué
debía elegir, si tenía que irme, si de verdad quería ser escogida para lo que
fuera.
Muy a
pesar de mis esfuerzos, cuando lo vi, un día en la plaza, me enamoré
perdidamente de él. No era muy alto, ni
muy blanco, ni muy guapo. Pero era todo
lo que yo necesitaba. Se me acercó y me
preguntó por una dirección, le dije como llegar, me sonrió y se fue. Volví a verlo varias veces después de eso,
parecía que de pronto encontrármelo en todos lados era mi tarea. Lo conocí meses después, cuando un amigo en
común nos presentó, y ahí comenzó todo.
No me di cuenta en que momento pasaron los días, los meses, los años
incluso. Tenía 27 años cuando comencé a
preocuparme. Cada día estaba mas
enamorada de él, cada día sentía que quería pasar mi vida entera, o lo que
quedaba de ella, con él. Pero al mismo
tiempo sabía que si los vaticinios de la vieja mujer se hacían realidad, en
unos cuantos años tendría que irme, o decidir, no se entre que opciones.
El pánico
me amenazaba todos los días, evadía sus intentos por casarse conmigo, por que
tuviéramos hijos, porque compráramos cierta casa, en fin, le hacía saber que lo
nuestro debería ser disfrutado mientras durara.
Ante eso, él sólo me veía escéptico, creo que en algún momento pensó que
solo estaba jugando con él. Lo raro es
que nunca me abandonó a pesar de todo.
Una noche, clara y estrellada como cosa bastante rara, tome una
determinación. No quería ocupar el lugar
de nadie, no quería ser la elegida de nada, solo quería ser mujer, esposa,
madre talvez. Al día siguiente, fui a la
biblioteca y comencé a investigar sobre los inicios del lugar, sus bosques, su
flora, sus historias. Encontré sólo una
breve historia sobre la famosa “vieja madre” de la que me habían hablado años
atrás, en donde decía que cada 30 años, el espíritu del bosque elegía a una
mujer con ciertas características para que fuera la dadora de vida de las
especies y de las flores. No decía como se hacia la elección ni hablaba de las
mujeres, porque parecía ser que nadie antes había conocido a una mujer
elegida.
Talvez
eran mujeres desconocidas, sin familia, solas en el mundo, como yo. Pero yo no estaba sola, yo tenía a Alberto y
quería conservarlo de esa misma forma.
Seguí pasando las páginas de ese viejo libro que como dato curioso no
tenía nombre, y vi en una fotografía la pequeña figura del quetzal
tallado. No tenía pie de foto, solo
estaba la pequeña estatuilla fotografiada en blanco y negro en toda la
hoja. Regrese a casa decepcionada por lo
poco que había logrado investigar, y decidí dormir un rato. Me acosté, pero no
pude ni siquiera cerrar los ojos.
Recordé en que parte había guardado la estatuilla y hacia ahí me
dirigí. Ahí estaba, como el primer día
que la había visto. Comencé a observarla
detenidamente y pude ver que en el lado donde estaban talladas las plumas, tenía
un pequeño botón casi imperceptible, lo oprimí y una pequeña parte de la
estatua quedó en mis manos.
Vi que en
el pequeño compartimento había algo metido, enrollado cuidadosamente. Cuando lo saqué, observé que era igual que el
pergamino que me habían dado años atrás, y cuando lo desdoble pude ver que
decía hemos sido muchas, y hemos sido
olvidadas, pero tú como las demás tienes la opción..
No puedo
explicarte, el miedo que me embargó cuando terminé de leer esa pequeña frase. Ahí estaba la respuesta a todo lo que había
buscado, pero no lo comprendía. Esa noche me acosté temprano, rechacé las
salidas que quería programar y me dormí.
Tuve un sueño bastante extraño, en donde me veía a mi misma corriendo
por el bosque con un vestido verde, feliz viendo los arboles crecer en un
segundo ante mis ojos. Vi rostros de
mujeres que envejecían, vi también dolor y miedo. Cuando desperté, me sentía aun más confusa
que antes.
Cuando
Alberto llegó, muy temprano, a decirme que iba a irse del país sin mí, supe que
todo había terminado. No pude escuchar ni la mitad de las explicaciones y las
razones que me dio, escuche muchas veces las palabras “desinteresada”, “fría”, “ya
no puede ser”, “ya no puedo esperar”, y me quedé en silencio. Al final él solo dio un resoplido molesto por
mi actitud, se levantó y lo último que dijo antes de atravesar la puerta y
dejarme para siempre fue “si hubieras tan solo derramado una lagrima por mi
partida, talvez hubiera pensado en llevarte conmigo”. Diciendo eso se marchó, y no volví a verlo en
mucho tiempo.
Llevo la
decepción en las venas. Mi vida como la quería conocer iba a terminar y yo no
había hecho nada de lo que había propuesto hacer. No tenía una familia, no había tenido mi tan
deseada cena de navidad, mi tan hermoso pastel de cumpleaños. Me odiaba y la vida simplemente dejo de tener
sentido para mi.
Creo que lo
anterior es un resumen bastante detallado, de lo que ha sido mi vida hasta
ahora. Fue la recopilación de algunas
ideas escritas en diarios que tardaba años en llenar y de pensamientos que
siempre rondaron en mi mente. No puedo
describir con palabras el dolor y la desmotivación que siento, simplemente no
encuentro ni palabras ni imágenes para explicar lo que siento ahora. Es como que estuviera en piloto automático,
viviendo fuera de mí. Se que tengo que
hacerme a la idea de que en algún momento tengo que continuar, de que
obligatoriamente mientras esté viva tengo que encontrarle sentido a lo que
hago. No dejo nada atrás mío, mi paso por el mundo fue casi nulo, fui invisible
todo el tiempo e hice lo posible porque nadie me viera. Varias veces intente acabar con mi vida, no
quería quedarme para siempre viviendo en el bosque en soledad, pero esas veces
siempre algo lo impedía, una rama rompiendo una de mis ventanas, las frutas
saliéndose de pronto de su lugar y rodando por la casa, en fin siempre había
algo que me impedía terminar mis planes.
Hace un
año, Alberto regresó. Lo vi de nuevo
justamente en el mismo lugar donde lo conocí, estaba sentada en la misma
banca. Se acercó, me miró, me preguntó
de nuevo por una dirección y se fue.
Hasta el momento no había observado que mis facciones estaban
cambiando. Lo que por un momento pensé
que había sido algo a propósito y cruel por parte de él, había sido causado por
que no me había reconocido. Cuando me vi en el reflejo de una tienda vi que
todo había empezado. Mi pelo antes tan
negro se estaba encaneciendo, mi cara aun veinteañera, había pasado a tornarse
madura con rasgos de bondad y severidad.
Parecía una mujer de 40 años, por eso Alberto jamás me habría
reconocido. Caminé lentamente hacia mi
casa, y comencé a pensar que debía hacer antes de aceptar lo inevitable.
No dejada
nada atrás, no había nadie de quien despedirme, incluso mis cosas parecían
deteriorarse con cada soplo del viento.
Todo lo que yo significaba estaba acabando, se estaba desvaneciendo, yo
misma ya no podía reconocerme.
Decidí que
debía dejar mi historia, que debía escribir todo lo que me había ocurrido,
porque no quería ser olvidada. No quería
ser como esas otras que habían sido olvidadas y que no habían dejado ningún
recuerdo tras ellas. Talvez no dejaría
familia que me trascendiera ni el recuerdo de algún amor, pero si dejaría una
historia, una historia que iría agregada al libro desconocido que había
encontrado y que explicaría lo que había ocurrido, para que las demás evitaran
llegar hasta la roca y marcar sus vidas.
Comencé entonces a luchar con mi memoria, ya que había muchas cosas que
parecía haber olvidado, cosas que solamente leyendo diarios y cuadernos viejos
pude recordar. Pensé que eso también era
parte del proceso de volverme una con el bosque. Pasé mucho tiempo escribiendo,
borrando, resumiendo, botando bolas de papel, pensando. Ahora que se ha acercado el momento, creo que
todo está terminado, compré este hermoso cofre especialmente para guardar esta
historia, que espero alguien la encuentre.
El día ha
llegado, el día de mi cumpleaños numero 30 llegó por fin con una mañana algo
nublada y con lluvia. Típico, pensé,
como mi estado de ánimo. Me levante, me
vestí con la ropa mas abrigada que tenía y caminé hacia el bosque. Tenía mucho tiempo de no ir, así que por unos
instantes me perdí un poco, pero por fin encontré el sendero hacia el claro de
la roca. Cuando llegué, no había nada,
todo estaba tan tranquilo y sereno, ni siquiera se escuchaban los pájaros ni el
sonido del río que siempre llegaba hasta allí.
Parecía que todo estaba suspendido en el espacio, como a la espera de
algo que inevitablemente ocurriría. Me
senté en la roca, y puse a mi lado el cofre.
De algún lugar del bosque surgió una luz y una voz tan serena y calmada
me dijo: “hija mía, has decidido y has decidido bien, ve entonces y hazte una
con el bosque”.
No se bien
que ocurrió después, pero un ventarrón me levantó de donde estaba y me dio
muchas vueltas por todo el bosque, topaba con todo, con los arboles, con los
animales, con la tierra, me vi en el fondo del río, volando por el cielo, dando
vueltas alrededor de flores que se veían enormes y alrededor de arboles enteros
que se veían pequeñísimos. Una luz
cegadora no me dejaba ver hacia donde volaba, y una calidez me hacia pensar que
por fin había muerto y ya no era humana, era ahora un espíritu del bosque
destinado a reinar en el por otros 30 años hasta que encontrara a mi
sucesora. Al pensar en eso de pronto me
entró pánico, pensé en quien sería esa otra mujer que se vería obligada en su
momento a tomar mi lugar, a ser olvidada, a dejar sus sueños y sus anhelos para
dar vida al bosque. Pensé en mi casa, en
Alberto, en mis sueños rotos y pensé que había desperdiciado mi vida entera.
En ese
momento todo se detuvo. Quedé suspendida en el aire rodeada de oscuridad. No
sentía nada, no escuchaba nada, no había nada a mí alrededor. La ansiedad me embargó, pero después de un
momento volví a sentirme dueña de mi cuerpo.
Comencé lentamente a sentir de nuevo, a sentir mis piernas, mis brazos,
mi ropa, todo. Abrí los ojos, no me
había dado cuenta de que los tenía cerrados, y vi una sabana blanca
cubriéndome. Con mucho temor la aparte y
vi un cuarto y una ventana que tenía mucho tiempo sin ver. A mi lado mi madre sentada mirándome
fijamente con cara de preocupación, en la mesita de noche un libro que en su
portada decía “Historias de los bosques y los días”.
Al otro
día, vi la llegada de ese hombre mayor al pueblo por segunda vez en mi vida, o
al menos así me pareció a mí. Fui hasta
su cuarto y lo maté, no podía arriesgarme a pasar por mi muerte una segunda
vez.
Diario del final de los días parte 1
La
historia tal vez nunca ha formado parte fundamental en mi vida. Es decir para mí, siempre fue una clase mas
en el colegio, un momento del día destinado a memorizar y estudiar sobre cosas
supuestamente sorprendentes que habían hecho personas comunes y corrientes
muchos años atrás. Obviamente nunca me
interesó, porque en ninguna de esas supuestas cosas importantes había
participado yo. Cierto, este es un
relato como cualquier otro, es total una historia de vida como lo puede ser
cualquier otra en este basto mundo. Y en
el momento en que decidí comenzar a escribir mi historia, simplemente me
pareció que para facilidad de la persona que la lea, comience diciendo que la
historia nunca me gustó. Incluso cuando
comencé con esto, ni siquiera sabia que curso iba a tomar. Solo sentía un fuerte sentimiento de
escribir, de plasmar en letras todo lo que había ocurrido en mi mente durante
los últimos 30 años.
Comenzare
diciendo que mi nacimiento fue como cualquier otro. Mis padres se vieron un día entre las luces
de una discoteca bastante concurrida y pensaron que lo mejor que podrían hacer
por el mundo era darle una persona mas, no fue amor a primera vista ni
remotamente. Iniciaron su noviazgo y
después de algún tiempo, pues me fabricaron.
Pienso que tal vez tomaron una muy mala decisión al casarse solo por
eso, tal vez todo hubiera salido mejor si no lo hubieran hecho nunca. Pero bueno, lo hicieron, se casaron y han
pasado los últimos años tratando de no estrangularse mutuamente. Vi la luz un 19 de enero, para mi orgullo
puesto que uno de mis autores favoritos cumple años justamente en esa misma
fecha, claro con unos 100 años de diferencia a mi nacimiento.
He de
decir, que el pueblo que me vio dar mi primer aliento no tiene casi nada
especial. Una plaza en el centro, un mercado donde casi nunca encuentras nada,
una iglesia pequeña, pintada normalmente de amarillo donde el buen Dios nos
observa desde la cúpula mas alta, en fin, todo lo esperado de un pueblo que
está tan alejado, que el transporte escasea y puedes morirte viendo a las
mismas personas caminar por las mismas calles.
Vine a caer a una familia sólo de palabra, ya que mis padres nunca se
han llevado bien. Desde muy pequeña me
di cuenta de que ellos simplemente parecían haber nacido para odiarse, ya que
los problemas no tardaron en llegar.
Haciendo una pausa debo decir, que no se porque te cuento esto. No se incluso al final de mis días quien lo
va a leer, quien va a encontrarlo lleno de polvo y amarillento en este cofre
que esta a mi lado y que está destinado a llevar mis ultimas letras hasta que
alguien las descubra. El tiempo que me
queda no es mucho, porque después de escribir estas breves líneas, mi vida
llegará a su fin. No! No estoy enferma
ni es el fin del mundo ni tengo una maldición ancestral que termina mi vida a
los 30 años, que justamente en un par de horas serán exactos.
Son vagos
los recuerdos, lo único que puedo recordar es que nunca tuve una cena de
navidad, ni un pastel de cumpleaños, una felicitación por buenas notas, en fin
todas esas cosas tan triviales para algunos pero tan especiales para otros. Desde siempre supe que estaba destinada a no
ser una persona normal, es decir soy normal en casi todos los sentidos físicos
pero me refiero a mi cerebro. No es que
tuviera un funcionamiento diferente a los demás, pero lo que me sorprendió
siempre fueron mis ideas, mis emociones.
En ese momento en el que a nadie le paso por la mente explicarme porque
esas cosas no me pasaban, porque de pronto mis padres parecían odiarse más que
de costumbre, intuí que había algo que no estaba bien. Es decir, no es que mi mundo fuera perfecto,
pero había algo en el ambiente, algo que flotaba y era tan denso que podría
haberlo incluso tocado. Y no se, en ese
momento posiblemente el adulto que llevaba dormido en mi interior y que no tenía
que despertar aún sino muchos años después, despertó. Pase de ser una niña interesada en jugar y
ver caricaturas, a ser un adulto pequeño luchando por sobrevivir. Fue difícil, e incluso muchas veces a esa
tierna edad me pregunte porque me pasaban a mí esas cosas, respuesta que nunca
obtuve. Tiempo después las cosas
supuestamente se arreglaron o al menos así parecían, pero había algo en mí que
jamás iba a ser igual.
Mi vida
continúo normal hasta ese trágico día.
El día amaneció como cualquier otro con su sol bien puesto en el cielo,
pero no sabía que iba a teñirse de rojo antes de llegar el medio día. Un extraño llegó al pueblo, lo cual era
además de algo raro una oportunidad para considerar a alguien una celebridad.
Supe desde el momento en que lo vi, que todo cambiaría para mí, pero no sabía
que tanto. En mi mente infantil lo veía
como un vaquero o un príncipe que me salvaría de la vida que llevaba ahí, que
me llevaría lejos con mi verdadera familia que me esperaba con amor en un lugar
lejano y hermoso. Pero estaba muy
equivocada.
En el pueblo
existía la costumbre de que cuando había visitantes se hospedaban en la casa
más cercana a la plaza para darles una buena impresión y todas esas cosas que
jamás entendí. Mis padres compraron esa
casa años atrás, pero nunca habían hospedado a nadie, hasta ahora. El hombre, mayor como de 60 años, paso a mi
lado casi sin reparar en mi presencia, camino al cuarto que le habían designado
para dormir. No volví a verlo hasta que
la policía local, lo llevaba esposado y golpeado hasta casi dejarlo muerto a la
calle, y sacaban a mis padres sin vida envueltos en sabanas
ensangrentadas. No llore, no dije nada y
ni siquiera reaccione cuando los vecinos y otras personas que nunca había visto
me hacían preguntas que no podía contestar mientras me veían con extrañeza por
tener 8 años, y ser una niña que a pesar de haber quedado huérfana no había
derramado ni una sola lagrima.
Ahora para
los demás venía el dilema, ¿a dónde enviarme? Nadie conocía a las familias de
mis padres, según todos mi madre llego sola unos años antes de conocer a mi
padre, y mi padre vivía con una mujer mayor que todos pensaban que era su
madre, hasta que ella misma murió, y en el entierro su apellido indicaba que no
tenía ningún parentesco con mi padre.
Para todos la vida de mis padres fue un misterio hasta que murieron y
después de eso, ya que nunca se supo quien los había matado con certeza. El hombre en cuestión, murió mientras
esperaba que lo juzgaran, al parecer se quitó la vida por la culpa.
Ahora que
recuerdo esa frase, pienso que es una forma bastante romántica de decir las
cosas, no es así? Al decir que alguien se quitó la vida por la culpa sólo estas
diciendo que fue lo suficientemente cobarde como para aceptar lo que había
hecho y explicar por qué. Días después
me enviaron lejos, con las pocas cosas que poseía hasta ese momento y una foto
bastante borrosa de mis padres como su único recuerdo. Nunca supe cómo, pero una tía muy lejana y
bastante mayor, pariente de mi madre, envió por mí. Cuando llegue al lugar, me enamoré automáticamente
de él. A pesar de ser tan joven, jamás
había fantaseado con nada, pero al ver esa cabaña en medio de un frondoso
bosque de pinos, imaginé luchas entre dragones y caballeros con armaduras
brillantes, princesas corriendo despavoridas de brujas vengativas y seres que
solo en mi imaginación existían.
La nueva
vida en la escuela primaria fue, por mucho, un infierno. Nunca fui como las demás, no encontraba de
que hablar con mis amigas en ese tiempo, simplemente no encontraba un punto en
común con nadie. Sentía que estaba sola
en este mundo, que simplemente yo era un cubo en una piscina de pelotas. Me esforcé mucho, es decir cambie muchos de
mis hábitos normales, fingía interesarme por las revistas, por las reuniones,
no se, hice casi de todo para acoplarme, pero nunca lo logré. Cuando fue tiempo de cambiar a los básicos,
creo que el caos esperaba impaciente. Un
día, en el que había discutido con mi tía, corrí hacia ese bosque que años
atrás me había parecido tan hermoso y en el que por supersticiones de la gente
nunca me había acercado. Caminé y caminé
por senderos desconocidos llenos de helechos y arboles musgosos, y no me di
cuenta en que momento, llegue a un claro.
En medio de ese claro había una roca enorme, hacia donde caminé y me
senté.
En ese
momento creo que caí en la cuenta de que estaba muy lejos de casa, y en el
momento en que decidí pararme y caminar de regreso, como aparecido de la bruma,
aprecié que había alguien sentado a mi lado.
Al principio me asusté porque no vi cuando y en que momento llegó, pero
al ver su rostro una enorme paz me invadió.
Era una mujer, bastante mayor, su cabello era blanco y largo hasta la
cintura, vestía un extraño vestido color verde con un cinturón dorado y en su
mano tenía una manzana roja como la sangre.
Recuerdo que cuando la vi, el primer pensamiento que cruzó por mi mente,
fue que talvez así debía verse la abuela de todos los quetzales del mundo. Sonreí por mi pensamiento y ella como si
hubiera leído mi mente me dijo que solamente era la abuela de todo el bosque.
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