viernes, 14 de marzo de 2014

Diario del final de los días parte 1



La historia tal vez nunca ha formado parte fundamental en mi vida.  Es decir para mí, siempre fue una clase mas en el colegio, un momento del día destinado a memorizar y estudiar sobre cosas supuestamente sorprendentes que habían hecho personas comunes y corrientes muchos años atrás.  Obviamente nunca me interesó, porque en ninguna de esas supuestas cosas importantes había participado yo.  Cierto, este es un relato como cualquier otro, es total una historia de vida como lo puede ser cualquier otra en este basto mundo.  Y en el momento en que decidí comenzar a escribir mi historia, simplemente me pareció que para facilidad de la persona que la lea, comience diciendo que la historia nunca me gustó.  Incluso cuando comencé con esto, ni siquiera sabia que curso iba a tomar.  Solo sentía un fuerte sentimiento de escribir, de plasmar en letras todo lo que había ocurrido en mi mente durante los últimos 30 años.
Comenzare diciendo que mi nacimiento fue como cualquier otro.  Mis padres se vieron un día entre las luces de una discoteca bastante concurrida y pensaron que lo mejor que podrían hacer por el mundo era darle una persona mas, no fue amor a primera vista ni remotamente.  Iniciaron su noviazgo y después de algún tiempo, pues me fabricaron.  Pienso que tal vez tomaron una muy mala decisión al casarse solo por eso, tal vez todo hubiera salido mejor si no lo hubieran hecho nunca.  Pero bueno, lo hicieron, se casaron y han pasado los últimos años tratando de no estrangularse mutuamente.  Vi la luz un 19 de enero, para mi orgullo puesto que uno de mis autores favoritos cumple años justamente en esa misma fecha, claro con unos 100 años de diferencia a mi nacimiento. 
He de decir, que el pueblo que me vio dar mi primer aliento no tiene casi nada especial. Una plaza en el centro, un mercado donde casi nunca encuentras nada, una iglesia pequeña, pintada normalmente de amarillo donde el buen Dios nos observa desde la cúpula mas alta, en fin, todo lo esperado de un pueblo que está tan alejado, que el transporte escasea y puedes morirte viendo a las mismas personas caminar por las mismas calles.  Vine a caer a una familia sólo de palabra, ya que mis padres nunca se han llevado bien.  Desde muy pequeña me di cuenta de que ellos simplemente parecían haber nacido para odiarse, ya que los problemas no tardaron en llegar.  Haciendo una pausa debo decir, que no se porque te cuento esto.  No se incluso al final de mis días quien lo va a leer, quien va a encontrarlo lleno de polvo y amarillento en este cofre que esta a mi lado y que está destinado a llevar mis ultimas letras hasta que alguien las descubra.  El tiempo que me queda no es mucho, porque después de escribir estas breves líneas, mi vida llegará a su fin.  No! No estoy enferma ni es el fin del mundo ni tengo una maldición ancestral que termina mi vida a los 30 años, que justamente en un par de horas serán exactos.   
Son vagos los recuerdos, lo único que puedo recordar es que nunca tuve una cena de navidad, ni un pastel de cumpleaños, una felicitación por buenas notas, en fin todas esas cosas tan triviales para algunos pero tan especiales para otros.  Desde siempre supe que estaba destinada a no ser una persona normal, es decir soy normal en casi todos los sentidos físicos pero me refiero a mi cerebro.  No es que tuviera un funcionamiento diferente a los demás, pero lo que me sorprendió siempre fueron mis ideas, mis emociones.  En ese momento en el que a nadie le paso por la mente explicarme porque esas cosas no me pasaban, porque de pronto mis padres parecían odiarse más que de costumbre, intuí que había algo que no estaba bien.  Es decir, no es que mi mundo fuera perfecto, pero había algo en el ambiente, algo que flotaba y era tan denso que podría haberlo incluso tocado.  Y no se, en ese momento posiblemente el adulto que llevaba dormido en mi interior y que no tenía que despertar aún sino muchos años después, despertó.  Pase de ser una niña interesada en jugar y ver caricaturas, a ser un adulto pequeño luchando por sobrevivir.  Fue difícil, e incluso muchas veces a esa tierna edad me pregunte porque me pasaban a mí esas cosas, respuesta que nunca obtuve.  Tiempo después las cosas supuestamente se arreglaron o al menos así parecían, pero había algo en mí que jamás iba a ser igual.
Mi vida continúo normal hasta ese trágico día.  El día amaneció como cualquier otro con su sol bien puesto en el cielo, pero no sabía que iba a teñirse de rojo antes de llegar el medio día.  Un extraño llegó al pueblo, lo cual era además de algo raro una oportunidad para considerar a alguien una celebridad. Supe desde el momento en que lo vi, que todo cambiaría para mí, pero no sabía que tanto.  En mi mente infantil lo veía como un vaquero o un príncipe que me salvaría de la vida que llevaba ahí, que me llevaría lejos con mi verdadera familia que me esperaba con amor en un lugar lejano y hermoso.  Pero estaba muy equivocada. 
En el pueblo existía la costumbre de que cuando había visitantes se hospedaban en la casa más cercana a la plaza para darles una buena impresión y todas esas cosas que jamás entendí.  Mis padres compraron esa casa años atrás, pero nunca habían hospedado a nadie, hasta ahora.  El hombre, mayor como de 60 años, paso a mi lado casi sin reparar en mi presencia, camino al cuarto que le habían designado para dormir.  No volví a verlo hasta que la policía local, lo llevaba esposado y golpeado hasta casi dejarlo muerto a la calle, y sacaban a mis padres sin vida envueltos en sabanas ensangrentadas.  No llore, no dije nada y ni siquiera reaccione cuando los vecinos y otras personas que nunca había visto me hacían preguntas que no podía contestar mientras me veían con extrañeza por tener 8 años, y ser una niña que a pesar de haber quedado huérfana no había derramado ni una sola lagrima. 
Ahora para los demás venía el dilema, ¿a dónde enviarme? Nadie conocía a las familias de mis padres, según todos mi madre llego sola unos años antes de conocer a mi padre, y mi padre vivía con una mujer mayor que todos pensaban que era su madre, hasta que ella misma murió, y en el entierro su apellido indicaba que no tenía ningún parentesco con mi padre.  Para todos la vida de mis padres fue un misterio hasta que murieron y después de eso, ya que nunca se supo quien los había matado con certeza.  El hombre en cuestión, murió mientras esperaba que lo juzgaran, al parecer se quitó la vida por la culpa. 
Ahora que recuerdo esa frase, pienso que es una forma bastante romántica de decir las cosas, no es así? Al decir que alguien se quitó la vida por la culpa sólo estas diciendo que fue lo suficientemente cobarde como para aceptar lo que había hecho y explicar por qué.  Días después me enviaron lejos, con las pocas cosas que poseía hasta ese momento y una foto bastante borrosa de mis padres como su único recuerdo.  Nunca supe cómo, pero una tía muy lejana y bastante mayor, pariente de mi madre, envió por mí.  Cuando llegue al lugar, me enamoré automáticamente de él.  A pesar de ser tan joven, jamás había fantaseado con nada, pero al ver esa cabaña en medio de un frondoso bosque de pinos, imaginé luchas entre dragones y caballeros con armaduras brillantes, princesas corriendo despavoridas de brujas vengativas y seres que solo en mi imaginación existían.
La nueva vida en la escuela primaria fue, por mucho, un infierno.  Nunca fui como las demás, no encontraba de que hablar con mis amigas en ese tiempo, simplemente no encontraba un punto en común con nadie.  Sentía que estaba sola en este mundo, que simplemente yo era un cubo en una piscina de pelotas.  Me esforcé mucho, es decir cambie muchos de mis hábitos normales, fingía interesarme por las revistas, por las reuniones, no se, hice casi de todo para acoplarme, pero nunca lo logré.  Cuando fue tiempo de cambiar a los básicos, creo que el caos esperaba impaciente.  Un día, en el que había discutido con mi tía, corrí hacia ese bosque que años atrás me había parecido tan hermoso y en el que por supersticiones de la gente nunca me había acercado.  Caminé y caminé por senderos desconocidos llenos de helechos y arboles musgosos, y no me di cuenta en que momento, llegue a un claro.  En medio de ese claro había una roca enorme, hacia donde caminé y me senté.
En ese momento creo que caí en la cuenta de que estaba muy lejos de casa, y en el momento en que decidí pararme y caminar de regreso, como aparecido de la bruma, aprecié que había alguien sentado a mi lado.  Al principio me asusté porque no vi cuando y en que momento llegó, pero al ver su rostro una enorme paz me invadió.  Era una mujer, bastante mayor, su cabello era blanco y largo hasta la cintura, vestía un extraño vestido color verde con un cinturón dorado y en su mano tenía una manzana roja como la sangre.  Recuerdo que cuando la vi, el primer pensamiento que cruzó por mi mente, fue que talvez así debía verse la abuela de todos los quetzales del mundo.  Sonreí por mi pensamiento y ella como si hubiera leído mi mente me dijo que solamente era la abuela de todo el bosque.

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