sábado, 8 de marzo de 2014

De los confines de mis pensamientos...

En el día en que se conmemora el tan famoso Día de la Mujer, yo quiero hablar del hombre.  En primer lugar este día no se celebra, porque como vi que decía en algún lugar, no celebramos el hecho de ser mujeres.  Lo único que me late pensar en este día, es que no podríamos llamarnos mujeres, sin hombres.

Y hablando de hombres...Les ha pasado por la mente pensar en algún momento, si en alguna de las tantas escuelas psicológicas y áreas del pensamiento, alguno de estos maestros se ha acercado a la raíz del comportamiento masculino?? Freud dedico gran parte de su estudio a internarse, o al menos intentarlo, en la psiquis femenina.  Alguno lo habrá logrado con la psiquis masculina??

Releyendo un poco de algunos libros que utilice en la universidad, me encontré con uno, un poco pequeño y breve, pero muy atinado que me hace pensar se refiere mucho a eso que encontramos en muchos hombres, esa multiplicidad de pensamiento masculino que los hace no tener coherencia en su conducta.  El libro se llama "Paz vital, plenitud y placer de vivir, los valores de la logoterapia", autora Elisabeth Lukas.  En este libro ella plantea la mala actividad o mala pasividad, mas específicamente la tétrada de la mala actividad/pasividad según Frankl.  Cuando leía esta parte del libro, no podía evitar pensar que he notado esta misma tétrada en muchos de los hombres que he conocido, con lo que decidí agregar ese extracto del libro para su análisis y que puedan entender mejor muchas de las cosas de las cuales nos "quejamos" cuando las encontramos en nuestras parejas. A continuación resumo dicho extracto.

TÉTRADA DE LA "MALA ACTIVIDAD/PASIVIDAD" SEGÚN FRANKL
1.  La voluntad desmesurada de evitar algo

Tras esta actitud acecha un miedo exagerado a algo desagradable.  Es propio de ella pensar que todo va bien si se evitan los inconvenientes.  La situación solo se vuelve verdaderamente critica cuando el alejamiento de los inconvenientes conduce de por si a situaciones todavía mas desagradables.  Finalmente este estado se convierte en patológico cuando el miedo a un inconveniente saca a relucir síntomas psicosomaticos.

Veamos un ejemplo.  Muchas personas no soportan ir de compras a unos grandes almacenes repletos de gente y torturarse para subir entre la aglomeración por las escaleras mecánicas.  Resulta totalmente normal encontrar incomoda esta situación, como también es completamente sensato preferir ir de compras en los días menos frecuentados.  Pero si alguna vez alguien estuviera realmente obligado a ir a unos grandes almacenes a hacer un recado en un momento de máxima afluencia, y por puro miedo, se olvidara del recado, podría tropezar en la escalera mecánica y quedarse de repente sin aire.  Entonces, su actitud de evitar algo empieza a hacerse critica y en el futuro, cuando se halle en lugares de mucha concurrencia, la expectativa negativa y la agitación le provocaran angustia y sensación de malestar.  Muy pronto, ya no podrá soportar entrar en autobuses, trenes, aviones, locales, cines, etc., y se estará perfilando un cuadro claustrofóbico.

Esto significa, simple y llanamente, que hay que aceptar lo desagradable en cada momento, si realmente tiene sentido hacerlo, y dominarse para conseguirlo.  La persona, en virtud de sus capacidades espirituales, no podrá hacerlo hasta que no se reafirme ante ella misma de forma creíble. Pero desgraciadamente, la <excusa del no puedo> es un sinónimo muy extendido para expresar la falta de voluntad o de autodisciplina.  Estas son algunas de las <excusas del no puedo> que podemos escuchar cotidianamente.

  • Por las mañanas no puedo ser amable porque me levanto de mal humor.
  • No puedo irme a dormir sin haberme bebido antes una cerveza.
  • Hoy no puedo decir nada sensato porque tengo el biorritmo bajo.
  • No puedo frenarme cuando me enfado; entonces, pierdo los nervios.
  • No puedo ser tierna con mi hija porque mi madre nunca me trato con cariño.

En realidad, estas personas pueden hacer todo lo que dicen, pero se niegan a si mismas la capacidad de realizarlo, cerrándose, así, todas las puertas abiertas y ejercitando el desamparo y el descontrol.  Quien nunca acomete con valentía las situaciones desagradables para, así, dominarlas se va volviendo poco a poco incapaz de dominar todo aquello que le acarreara situaciones mucho mas agradables.  Frankl formulo sabiamente este hecho con una frase: <Quien da su destino por sellado no esta en disposición de vencerlo>.

2.  La lucha desmesurada contra algo

Muchas veces, lo malo se torna peor al combatirlo.  El afán de las personas perfeccionistas tiene mucho que ver con ello.  Cuanto mas enérgicamente se emplean en no cometer ningún fallo, mas errores perpetran.  Esto no solo se aplica a los errores propios, sino también a los errores del prójimo.  Cuanto mas fustigue alguien a otras personas, peor se comportaran.  Quien aspira demasiado a la perfección y lucha con demasiada fuerza contra sus distintas debilidades aumenta su imperfección; quien prefiere criticar la conducta errónea de los demás se crea cada vez mas enemistades.

Mientras que el <grupo de personas que evitan> querría esquivar todas las dificultades y al hacerlo, se ve envuelto en mas aprietos, el grupo de personas que lucha obstinadamente contra todas las dificultades potencia constantemente las suyas.

Tenemos que aprender a aceptar y tolerar determinadas cosas, tanto en nosotros como en los demás.  Si se soportan de forma desdramatizada y soberana, esas cosas se minimizan, pero si no es así, se van acumulando, y en un caso extremo, conducen al odio y la intransigencia. Esto no significa que haya que tolerarlo todo, pero lo cierto es que ningún poder sobre la tierra-- y menos todavía un refunfuño constante--cambia a otra persona si esta no lo hace de manera autónoma.  Si la persona no cambia, nos corresponderá a nosotros decidir si la tratamos con ella, tendremos que optar por mostrarnos amistosos u hostiles.

El odio y la intransigencia forman parte de las actitudes humanas que mas intensifican una patología.  La persona las incuba <en el alma> durante años, especialmente cuando hay implicados miembros de la familia, y nunca consigue llegar a un estado de sosiego.  Claro esta que un sentimiento de odio puede tener un trasfondo objetivo, como le sucede a quien padece una autentica injusticia.  Pero dicho sentimiento debe superarse al final en un acto de indulto general porque, de lo contrario, la propia persona que odia experimentara proliferaciones patológicas de su odio.

La actitud espiritual de la persona trasciende el nivel de las sensaciones en el sentido que podemos incluso adoptar una actitud frente a los sentimientos propios de odio, ira y dolor y no solo frente a las causas de los mismos procedentes del exterior.  Quien pone termino a los primeros enfrentándose a las segundas con un poco de indulgencia, dulzura y bondad se eleva sobre si mismo.  La grandeza interior absorbe la severidad y la nimiedad.

3.  La voluntad desmesurada de obtener algo por la fuerza

Se trata de nuevo de una lucha, pero esta vez no contra algo o alguien, sino por algo o alguien.  Por supuesto, en la vida, hay que pelear por muchas cosas, dado que raras veces llueven regalos del cielo.  Sin embargo, la lucha desmedida y exagerada por algo tiene la dramática consecuencia de que, con toda probabilidad, ese algo se pierde.  Los obsequios solo se pueden regalar una vez, el éxito se tiene que presentar, el deseo y el reconocimiento no se pueden forzar.  Además, no podemos tenerlo todo y por muy banal que suene, tenemos que renunciar a infinidad de sueños.  Quien no esta preparado para todo esto no hace mas que deslizarse por una permanente infelicidad que le amargara el bienestar durante el resto de su vida.

A lo largo de mi dilatada experiencia he podido observar que, a este respecto, las mujeres son mas propensas que los hombres.  En las conversaciones con mis pacientes femeninas, rara vez he podido librarme de la impresión de que su problema reside en un eterno anhelo por algo que, en su momento, todavía no se ha presentado y que, si se presenta, no esta claro que les haga sentirse felices.  

En estos contrastes se hace patente la (¿amarga?) realidad de que ninguna forma de vida es la ideal.  Cada una de esas formas tiene sus ascensiones vertiginosas y sus descensos deprimentes, sus oportunidades y sus preocupaciones.  Tenemos que librarnos mentalmente de aquello que no podemos tener en un momento determinado y abstenernos de "pedir la luna" porque nos podríamos quedar en ella para siempre.  La voluntad de obtener algo por la fuerza proviene de una actitud de insatisfacción y, además, la multiplica, con lo que se convierte en un acto nihilista de violencia que no conduce a nada.  En cambio, el paso atrás humilde y la capacidad de renuncia, pero también el aprovechamiento agradecido de las oportunidades que ofrece la vida, son actos estabilizadores que garantizan la satisfacción y regeneran la salud.

4.  El reflejo desmesurado a través de uno mismo

Es un hecho largamente demostrado que el exceso de introspección resulta perjudicial.  El ser humano se caracteriza por tener una naturaleza volcada hacia el mundo.  Si se pega a su ego de manera hipocondríaca, cae en la vorágine de miedos propia de una criatura desvalida, mientras que la abundancia de valores salvadora desaparece literalmente de su alrededor.  La psicología también nos enseña que las personas que no se gustan están permanentemente dedicadas a si mismas, mientras que las que, por así decirlo, están de acuerdo consigo mismas apenas reflexionan sobre ellas. ¡Ignorate y te tendrás en cuenta! La consideración se traslada hacia el yo en cuanto uno no esta seguro de si mismo, desconfía de si mismo o no se cree a si mismo.

Como es natural, todas las personas adquieren con la edad una imagen mas madura de si mismas.  Esta autoimagen debería cumplir al menos, dos criterios, ser realista y positiva a la vez.  Entonces, surge la pregunta ¿Que sucede cuando, desde una visión realista, alguien debería tener una imagen negativa de si mismo?  En ese caso, solo hay dos alternativas:  o bien se engaña haciéndose ilusiones sobre si mismo o bien se averguenza de si mismo (esta es una problemática que desarrolla un papel muy importante en la conducta toxicomana, por ejemplo).

Para salir de este dilema, el afectado tiene que introducir en si vida un aspecto realista positivo que mejore estomáticamente su autoimagen y le permita olvidarse de si mismo, en lugar de reñir consigo mismo y sufrir la propia vergüenza.  Sin embargo, ese aspecto realista positivo solo se puede crear en relación con el mundo exterior, lo que significa que, en realidad, primero hay que separar la mirada de uno mismo para, finalmente, liberarse de la autonegación.  Quien consigue entregarse a algo lleno de sentido y al hacerlo, se olvida de si mismo, acostumbra a introducir un aspecto positivo en su quebrantada autoimagen.  Y al contrario, quien se observa forzadamente a si mismo apenas percibe nada con sentido a su alrededor, mientras la apariencia de estar perdido en el vacío refuerza su autoimagen negativa.

Los cuatro modelos básicos citados introducen conductas insanas, relaciones interpersonales conflictivas y desarrollan cualidades problemáticas, dado que en cada uno de ellos se tensa demasiado la cuerda del arco y supera de forma destructiva la medida sana de empleo de energías.  Además, también indican la falta de algo indispensable en la vida: la predisposición a vencerse a si mismo, a perdonar, a renunciar y finalmente, a olvidarse.  Sin este "trébol de cuatro" hojas que nos sirva de amuleto, encauzaremos caminos corporales y mentales equivocados.

Te parece familiar?  Has visto o conocido a alguien que se acomode a cualquier pétalo de este trébol? Es de analizar que talvez Frankl ya había observado este comportamiento también en sus pacientes masculinos, o en la mayoría de ellos.  Al menos en mi opinión, podría colocarse como la base del machismo actual, ese sentimiento de incomodidad con su propio cuerpo y mente.  Esa disyuntiva entre su masculinidad saludable y su deseo de encajar en su sociedad como un hombre normal probablemente se encuentra en esta dicotomía, en la decisión de que camino tomar y a que velocidad correr, o mas bien caminar.

Es de pensarlo, al final todos somos el resultado de nuestras acciones, sean estas buenas o malas.  Pero al llegar al conocimiento, al llegar a ese momento de decidir que camino tomar en esa encrucijada, no nos podemos negar la oportunidad de tomar el que nos va a llevar a la libertad, aunque eso signifique renunciar a algo en donde nos encontramos seguros.

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