jueves, 13 de marzo de 2014

El amor masculino: Esa isla tan remota para la comprensión femenina

Siempre he pensado que en cuestiones de amor romántico, todos sufrimos por lo mismo, pero no todos sentimos igual.  El amor femenino, mas allá de ser ese modelo de princesa de caricatura tan diseminado en el mundo, es un amor profundo, sincero e incluso a veces incondicional.  La mujer entrega su 100% en una relación, sea eso mucho o poco, pero lo entrega.  Sabe que es lo que tiene que hacer y como tiene que actuar.  Y ese conocimiento se lo dan años de ver televisión, de observar a sus congéneres en acción con sus parejas, de aprendizaje social y entrenamiento sobre como ser la mejor mujer, esposa y madre idealizada dentro de una relacion de pareja y familiar, y en parte es también la idea que todas tenemos de nuestra devoción al hombre que escogemos.

Y ante eso, es común, que la mayoría de mujeres espera que el hombre les de lo mismo en la misma sintonía.  Cuando eso no pasa, bueno, ya todos sabemos cual es el resultado.  Las mujeres entramos en una espiral de tristeza, pensando y sintiendo que ese hombre no nos ama con la misma intensidad, entramos en disputa con las demás mujeres ante el temor de que haya alguien que nos arrebate a ese ser amado e iniciamos una serie de campañas para que permanezcan a nuestro lado.  Esa idea bíblica de que el amor todo lo puede que nuestras abuelas mencionaban, palpita latente en nuestro cerebro convirtiéndose en el inicio de nuestra perdición e infortunio.

Ahora bien, porque los hombres, en teoría, no aman igual que nosotras?  Sera que están configurados o programados de diferente forma y ahí radica la supuesta carencia que les encontramos?  No lo creo.  Considero que tanto hombres como mujeres podemos llegar a amar con la misma intensidad, si, ese amor que no nos deja dormir, que nos hace llorar y por el cual hasta dejamos de comer.  Pero lo que nos diferencia entre géneros, es que a nosotras si se nos permite e incluso se espera que actuemos de cierta forma para asegurar nuestro amor.  Es decir, el juego del amor se convierte en una maraña de sueños e ilusiones románticos acompañados del respectivo sabor a chocolate que le sentimos a todo, cuando ellos, si mucho pueden llegar a pensar como nos van a comprar esas cosas que venden para demostrarnos que nos aman.

Para un hombre, el amor puede llegar a ser muy complicado.  Imagina a una persona práctica enfrentarse a un juego de tangram.  En primer lugar se va a desesperar, en segundo lugar va a pensar que esa es la cosa mas inútil que existe y en tercer lugar, probablemente después de un par de intentos lo deje.  Algo así, considero yo, que funciona la mente masculina ante su rol en el amor.  Y no es porque realmente sientan que el amor, a priori, es algo inútil y que no lleva a ninguna parte.  Es solamente que al hombre siempre le han dicho que su forma de demostrar el amor, es logrando que estemos sentaditas en casa sin arruinar nuestras uñas en lo que ellos nos conceden todas esas cosas materiales que tienen que significar amor en su mundo.

Una casa bonita, uno o dos automóviles, colegios bonitos y caros para los niños, esas son las cosas permitidas, en el hombre para demostrar su amor.  Nada de mimos, gestos tiernos y detallitos.  Nada de largas noches de conversación, de un "como te fue hoy".  No, así de de seco y tajante es el estatus masculino.  Porque? Porque en el hombre siempre existe y existirá el temor a parecer débil, a sentir que cae en un torbellino con faldas que no le va a permitir ser racional y resolver los conflictos como lo haría sin tener este lío.

Difícil verdad? Una de las pautas que me dan a mi el pensamiento de que el hombre sufre, es justamente en este momento.  En el mismo momento en que un hombre se enamora empieza su tormento.  Es como una escalera hacia el infinito, el hombre sube, sube y sube y pareciera que no llega a nada.  Mientras mas lo intenta, la mujer le coloca nuevas pruebas que el debe pasar, si exacto, tal y como los príncipes en las películas esas que veíamos de niñas.  Esa infinita espera del "príncipe azul", que por momentos se hace tan larga como interminable, puede llegar a hacer que una mujer piense que si él no llega, todos los demás  no son mas que simples sapos esperando ser besados.

Veo muchos conflictos al momento de esperar a ese príncipe azul, mujeres que esperan por siempre sin saber que su pareja "ideal" estaba talvez mas cerca de lo que pensaban.  En el afán de ver a ese hombre cabalgando en un corcel blanco blandiendo su espada para salvarnos del dragón, dejamos escapar a esos hombres que diariamente caminan a nuestro lado, son nuestros amigos, colegas o compañeros de trabajo, que no tendrán un corcel blanco, pero si todas las de ganar en el juego de la masculinidad.  

La publicidad, las modas y el entretenimiento, no nos dan una pauta mas amplia para poder buscar.  Esperamos a ese hombre multiservicios, que probablemente no existe.  El hombre en su complejidad, es ciertamente fácil de entender, y siempre y cuando tengamos ese tacto para escucharlos en lugar de solo oírlos, podremos llegar al fondo del asunto.  Un hombre ama, pero no demuestra, pareciera ser la orden memorizada desde que son niños.  Talvez por todos esos mensajes que ha recibido de que solo debe trabajar y producir para proveer.  Ese papel de proveedor además de pesado esta inadecuadamente repartido.  Y es en esa repartición, donde la culpa recae específicamente en nosotras.  


Michael Kaufman en su articulo Hombres, Feminismo y Experiencias contradictorias del poder remarca esta terrible contradicción en el siguiente extracto:  "En un mundo dominado por los hombres, el de estos, es por definición un mundo de poder.  Ese poder es una parte estructurada de nuestras economías y sistemas de organización política y social; hace parte del núcleo de la religión, la familia, las expresiones lúdicas y la vida intelectual.  Individualmente mucho de lo que nosotros asociamos con la masculinidad gira sobre la capacidad del hombre para ejercer poder y control.  Sin embargo, la vida de los hombres habla de una realidad diferente.  Aunque ellos tienen el poder y cosechan los provilegios que nuestro sexo otorga, este poder esta viciado.  Existe en la vida de los hombres una extraña combinación de poder y privilegios, dolor y carencia de poder.  Por el hecho de ser hombres, gozan de poder social y de muchos privilegios, pero la manera como hemos armado ese mundo de poder causa dolor, aislamiento y alienación tanto a las mujeres como a los hombres.  Esto no significa equiparar el dolor de los hombres con las formas sitemáticas de opresión sobre las mujeres, solamente quiere decir que el poder de los hombres en el mundo--cuando estamos descansando en la casa o caminando por las calles, dedicados al trabajo o marchando a través de la historia--tiene su costo para nosotros. La comprensión de las experiencias contradictorias del poder entre los hombres nos permite, cuando sea posible, acercarnos a ellos con compasión, aun cuando seamos críticos severos de acciones y creencias particulares y desafiemos las formas dominantes de la masculinidad.  Tal comprensión puede ser vehículo para entender como algunos buenos seres humanos pueden hacer cosas horribles y como algunos tiernos niños pueden convertirse en horribles adultos.  Nos puede ayudar a entender la forma de llegar a la mayoría de los hombres con un mensaje de cambio.  Es, en pocas palabras la base para que los hombres acepten el feminismo."

Pero ojo, cuando decimos feminismo, no nos referimos a esa corriente retrograda que quiso esclavizar al hombre en venganza por lo que sufrimos durante muchos años las mujeres.  El feminismo debe ser tomado como esa corriente integradora, que busca quitar la segregación de géneros y unir las fortalezas y debilidades de ambos para funcionar como equipo.  En la búsqueda de la igualdad de derechos, nos topamos con que muchas veces no puede existir dicha igualdad, debido a las características tan diferentes como contrarias de los géneros.  En lugar de buscar que me paguen igual, es mejor buscar que hayan derechos tanto para hombres como mujeres y que las actividades sean definidas por nuestras características personales y no por nuestro genero.  Es decir si yo soy buena para la mecánica, debo querer trabajar en eso y ganar lo mismo que un hombre haciendo su mismo trabajo, si un hombre es bueno para la actividad secretarial, que durante mucho tiempo ha sido específicamente para la mujer, debe permitirsele desempeñarse en eso y esperar que sus talentos demuestren ser idóneos para esa actividad.  

Simple?  Talvez no tanto.  Debe quitarse del medio la historia de muchos años de represión y de pensar en hombres o en mujeres como esclavos de su genero.  Debe quitarse de la mente de la humanidad que alguno de los dos debe estar bajo el pie del  otro, normalmente el mas débil.  Esa actitud de servilismo y de pasividad que se ha querido adjudicar específicamente a las mujeres, y esa actitud de dominio y opresión que ha querido remacharse en el hombre.  Viéndolo así, pueda ser que la tarea sea difícil y larga, pero no es imposible.  Debes empezar tu, como persona, como pareja y como género.  

El amor puede llegar a ser una experiencia maravillosa en manos de dos personas que se sienten completas y no buscan completar o ser completados.  Es esa experiencia que transfigura la mente, que viene a actuar como colador de esas cosas que no sabíamos que teníamos dentro.  Hace nacer nuevos deseos, traza nuevos objetivos y nos hace pensar en cosas que no habíamos tenido la oportunidad de pensar.  En el amor, debe empezar la faceta del cambio a una mejor relación entre géneros, a terminar con esa eterna lucha de descubrir quien es el sexo fuerte o débil, y por lo consiguiente quien oprime a quien.  Si iniciamos una relación con el pensamiento de reprimir o ser reprimidos, lo mejor es dar vuelta atrás.  Debemos aprender que el amor antes que nada da libertad tanto de ser como de sentir.  Y ante esto, solamente podemos esperar que la otra persona invitada a nuestra historia de amor, se libre a nuestro lado de todos esos complejos y estereotipos que plagaron su infancia y adolescencia.  Solo así podremos empezar a criar adultos mas felices y prósperos. Realmente el amor es esa máquina que mueve al mundo. 

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